- El protagonista: David Salinas, un psicólogo brillante, metódico y funcional que oculta un pasado traumático. Hace 17 años sobrevivió a un incendio que destruyó a su familia.
- El detonante: Su controlada rutina se desmorona cuando una paciente empieza a revelar datos de su pasado que no debería conocer.
- La investigación: Nora Vidal, una periodista curiosa que se muda a su edificio, empieza a investigar una serie de muertes silenciosas conectadas directamente con el terapeuta.
- El doble juego: La trama se construye sobre dos versiones de la verdad: la que David le narra a la periodista y la que él mismo se ha obligado a creer durante las últimas dos décadas.
Desde Bueu, comarca de O Morrazo (Pontevedra), surge un escritor diferente a lo que estamos acostumbrados. Pretende que el protagonista sean las historias y no quien las escribe. Como se define el propio autor:
Viktor Kane no es un personaje en el sentido tradicional, pero tampoco es simplemente un seudónimo. Es una identidad literaria con una forma de entender el suspense, la psicología y el misterio.
Viktor Kane irrumpe en el mundo literario con una fuerza no común para un autor independiente. Sin testigos, su primera novela, es un thriller psicológico que impacta en el gusto de los lectores, como lo confirman las ventas.
Un psicólogo es el personaje que un buen día descubre que su vida no es tan estable como creía. Dos mujeres, cada una desde una realidad diferente, van a lograr que el pasado regrese en forma de múltiples interrogantes.
Imagino que esta es la pregunta que más te harán. ¿Quién eres?
Probablemente sea la única pregunta que nunca responderé del todo. No porque quiera jugar a esconderme, sino porque Viktor Kane nació precisamente para que el protagonismo recayera en las historias y no en quien las escribe.
Vivimos en un momento en el que sabemos demasiado de los autores. Conocemos su vida, sus opiniones e incluso su rutina diaria antes de haber leído una sola página. Yo quería recorrer el camino contrario. Que el lector llegara a Sin testigos sin ideas preconcebidas y que la única opinión que pudiera formarse fuera la que naciera después de cerrar el libro.
Viktor Kane no es un personaje en el sentido tradicional, pero tampoco es simplemente un seudónimo. Es una identidad literaria con una forma de entender el suspense, la psicología y el misterio. Poco a poco los lectores conocerán esa personalidad, pero no necesito que conozcan mi vida privada para comprender mis novelas.
Al final, me gustaría que la pregunta dejara de ser quién soy y pasara a ser qué historia voy a contar después. Creo que ese sería el mayor éxito que podría tener un escritor. Y hasta que llegue ese momento… probablemente debería mantenerme en silencio.
¿Te interesa más la obra que el autor?
No creo que exista una sin el otro. Una buena novela necesita una voz que la escriba, y un escritor solo permanece si sus historias consiguen dejar huella. Lo que sí diferenciaría es al autor de la persona. Son dos cosas distintas.
Me interesa que los lectores conozcan cada vez más a Viktor Kane: cómo entiende el thriller psicológico, qué temas le obsesionan, cómo construye sus historias o por qué escribe de determinados conflictos humanos. Pero creo que mi vida privada aporta muy poco a esa experiencia. Si un lector termina una novela pensando en la historia y no en quién la escribió, siento que he hecho bien mi trabajo.
También es verdad que hoy el autor forma parte de la obra. Vivimos en una época en la que los lectores quieren conectar con quien está al otro lado, y me parece algo positivo. La diferencia es que esa conexión puede construirse desde la literatura, desde las ideas y desde la personalidad artística, sin necesidad de convertir la vida personal en el centro de todo.
Mi objetivo es que, con el tiempo, alguien vea el nombre de Viktor Kane en una portada y sepa qué tipo de experiencia le espera. Si consigo eso, la obra y el autor habrán crecido juntos, que es exactamente como creo que debe ocurrir.
¿Y La metamorfosis, por ejemplo, sería tan recordada si no supiéramos quién fue Franz Kafka?
Es una pregunta fascinante precisamente porque nunca podremos responderla con certeza. Me gusta pensar que las grandes historias tienen la capacidad de sobrevivir por sí mismas, pero también creo que los grandes autores ayudan a que esas historias encuentren su lugar en el tiempo.
Con el paso de los años no solo recordamos una novela. También recordamos la voz que la escribió. Hay autores que consiguen que su nombre transmita una promesa al lector, y eso no nace de la fama, sino de la confianza que construyen libro tras libro.
Viktor Kane, autor secreto
En ese sentido, no creo que obra y autor compitan entre sí. Se fortalecen mutuamente. Una novela extraordinaria puede abrir el camino, pero una trayectoria coherente es la que termina convirtiendo ese camino en un legado.
Ojalá algún día ocurra algo parecido con Viktor Kane. No porque la gente conozca quién soy, sino porque al ver mi nombre en una portada sepa que detrás encontrará una historia capaz de inquietarle hasta la última página.
Sin testigos es un thriller psicológico que se adentra en la mente humana. ¿Qué historia cuenta tu primera novela?
Sin testigos parte de una pregunta que me resulta muy inquietante: ¿hasta qué punto podemos confiar en nuestra propia mente?
La novela sigue a David, un psicólogo que ha construido una vida aparentemente impecable. Vive rodeado de orden, rutina y control, hasta que varias personas empiezan a remover un pasado que él creía completamente enterrado. A partir de ese momento, la historia deja de centrarse únicamente en descubrir qué ocurrió años atrás y empieza a cuestionar algo mucho más incómodo: qué ocurre cuando los recuerdos, la culpa y la identidad dejan de encajar entre sí.
Siempre digo que Sin testigos no pretende asustar al lector con monstruos ni con elementos sobrenaturales. Me interesan mucho más los miedos que nacen de las personas, porque son los únicos que pueden acompañarte cuando cierras el libro.
Más que escribir una novela de misterio, quise construir una historia en la que el lector se sintiera obligado a desconfiar de todo: de los personajes, de los recuerdos e incluso de sus propias conclusiones. Si al terminar necesita volver atrás para replantearse algunas páginas, sentiré que la novela ha cumplido su propósito.
Un psicólogo de pronto siente que su vida se debate entre el miedo, la culpa y un pasado que le estalla. ¿Cuál es el perfil de este personaje?
David es un personaje lleno de contradicciones, y creo que ahí reside gran parte de su interés. Es un psicólogo brillante, acostumbrado a comprender el sufrimiento de los demás, pero completamente incapaz de enfrentarse al suyo.
Ha construido su vida alrededor del orden. Cada rutina, cada horario y cada pequeño detalle le permiten mantener la sensación de que todo está bajo control. Sin embargo, ese control no nace de una personalidad obsesiva, sino de un trauma que lleva años intentando contener. En cierto modo, el orden es el lenguaje que ha encontrado para sobrevivir.
Me interesaba escribir un protagonista que generara una sensación constante de incertidumbre. Quería que el lector se preguntara durante buena parte de la novela si podía confiar realmente en él o si aquello que estaba viendo era solo una versión incompleta de la realidad.
Al final, David representa una idea que me obsesiona como escritor: podemos llegar a entender la mente de los demás con enorme precisión y, aun así, ser incapaces de reconocer nuestras propias heridas. Esa contradicción es, probablemente, el verdadero motor de toda la novela.
Hay dos mujeres claves para que el presente del psicólogo ya no parezca tan estable. ¿Quiénes son?
Son dos personajes muy diferentes entre sí, pero comparten algo esencial: ambas obligan a David a enfrentarse a preguntas que lleva demasiados años evitando.
Carla es una paciente que, desde su primera aparición, introduce una sensación de inquietud difícil de explicar. Hay algo en ella que descoloca tanto a David como al propio lector, y esa incomodidad va creciendo de forma muy progresiva. Me interesaba que el verdadero miedo no naciera de lo que hace, sino de lo que parece saber.
Nora, en cambio, representa otra clase de amenaza. Es periodista, observa, hace preguntas y no se conforma con las respuestas fáciles. Tiene esa curiosidad que resulta muy valiosa para ejercer su profesión, pero que puede convertirse en un problema cuando alguien lleva años intentando que ciertas historias permanezcan enterradas.
Me gustaba la idea de que ninguna de las dos llegara para salvar a David. Llegan para romper el equilibrio sobre el que había construido su vida. A partir de ahí, será el lector quien descubra cuál de ellas cambia realmente el rumbo de la historia.
Sin testigos está siendo muy bien recibida por los lectores, según los informes de ventas. ¿Te esperabas esta respuesta?
Sinceramente, no. Cuando empecé a escribir Sin testigos no pensaba en publicar una novela ni mucho menos en conceder entrevistas. Mi único objetivo era terminar una historia de la que pudiera sentirme orgulloso y verla algún día en una estantería. Todo lo que ha venido después ha superado por completo aquella idea inicial.
Lo que más me emociona no son únicamente las ventas. Es ver que un proyecto completamente independiente, construido desde cero y sin el respaldo de una gran editorial, está encontrando lectores. Eso significa mucho para cualquier escritor.
Detrás de todo esto hay muchísimo trabajo. Tengo un empleo a jornada completa que exige mucho física y mentalmente y, cuando termina mi jornada, empieza la de Viktor Kane. Escribir fue solo el principio. Después llegaron la promoción, las campañas, el contenido para redes, la web, los medios de comunicación y todo lo necesario para que una novela no se quedara olvidada entre miles de títulos. Hay días en los que dedico más de cuatro horas únicamente a hacer crecer este proyecto.
Creo que muchas veces se piensa que publicar un libro es el final del camino, cuando en realidad es el comienzo. Si hoy Sin testigos está llegando a más personas de las que imaginé, es gracias a una mezcla de constancia, ilusión y muchísimas horas de trabajo. Y, sobre todo, gracias a cada lector que ha decidido darle una oportunidad a un autor que, hasta hace muy poco, no conocía absolutamente nadie.
Para mí esto no representa una meta. Representa el inicio de un proyecto mucho más grande. Espero que Sin testigos sea solo la primera de muchas historias que lleven la firma de Viktor Kane.
Imagino que más de un lector estará intentando descubrir tu identidad. ¿Te hacen preguntas al respecto?
Curiosamente, quienes más interés muestran por descubrir quién hay detrás de Viktor Kane suelen ser los medios de comunicación. Los lectores, en cambio, parecen haber entendido muy bien el planteamiento del proyecto y, de alguna manera, disfrutan formando parte de ese misterio.
Lo vivo con bastante naturalidad. Si alguien intenta averiguar quién soy, significa que el proyecto ha despertado curiosidad, y eso siempre es positivo. Creo que el anonimato añade una capa más a la experiencia, pero nunca debería ser más importante que las novelas.
Mi intención no es esconderme por esconderme. De hecho, me gusta que los lectores conozcan cada vez más a Viktor Kane: cómo entiende la literatura, por qué escribe sobre determinados temas, qué le inspira o cómo construye sus historias. Lo único que prefiero mantener al margen es mi vida privada, porque no considero que aporte nada a la experiencia de leer una novela.
¿Podría desaparecer el anonimato algún día? Es posible. Si ocurriera, encontraría la forma de seguir construyendo el proyecto, pero hoy creo que todavía tiene sentido que Viktor Kane continúe siendo una voz antes que un rostro. Y mientras siga siendo así, probablemente debería mantenerme en silencio.
¿Cómo quieres que sea recordado Viktor Kane?
Me gustaría que, con el paso del tiempo, Viktor Kane fuera recordado como un autor que consiguió hacer sentir algo a sus lectores. Al final, eso es lo único que permanece. Las ventas, las entrevistas o la repercusión pasan; las historias que consiguen quedarse en la memoria son las que realmente sobreviven.
También me gustaría demostrar que un escritor independiente puede construir un proyecto sólido sin renunciar a su identidad. He intentado cuidar cada detalle, desde las novelas hasta la forma de presentarlas, porque creo que la literatura puede ir mucho más allá de las páginas de un libro. Puede convertirse en una experiencia.
Mi objetivo no es publicar una única novela. Quiero construir un universo donde cada lanzamiento tenga personalidad propia y donde el lector, al ver el nombre de Viktor Kane en una portada, sepa que le espera una historia que le hará desconfiar, reflexionar y seguir pasando páginas hasta el final.
Si algún día alguien recomienda una de mis novelas diciendo: “Léelo. Cuando empieces, no vas a poder dejar de pensar en ella”, sentiré que he conseguido exactamente lo que buscaba. Porque, en realidad, esto no ha hecho más que empezar.
ENTREVISTA EN FARO DE VIGO
Una nueva carrera literaria acaba de despegar desde un rincón de O Morrazo. Un autor anónimo de la comarca, cuya identidad se oculta bajo el pseudónimo de Viktor Kane,estrena Sin testigos, un thriller psicológico protagonizado por el terapeuta David Salinas.
Detrás de una fachada de tranquilidad y autocontrol, este hombre oculta más secretos de los que nadie imagina. Sin embargo, las pesquisas de la periodista Nora Vidal darán un vuelco a su vida y le harán volver a encontrarse de frente con una serie de recuerdos que no son lo que parecía.
La novela,busca provocar a los lectores y hacerles dudar de aquello que parece ser cierto (y no siempre lo es). Hablamos sobre ella con Viktor Kane, quien no desvela su rostro ni su nombre real para que solo Sin testigos ocupe el foco.
—No podríamos empezar con otra pregunta: ¿quién es Viktor Kane?
—Probablemente debería mantenerme en silencio. Es una frase que resume bastante bien quién es Viktor Kane. Casi podría decir que se ha convertido en la forma más honesta de responder cuando alguien intenta definirlo.
Si aun así tuviera que hacerlo, diría que Viktor Kane es mi mayor proyecto creativo. No nació como un simple pseudónimo ni como una estrategia para ocultar una identidad. Nació como una decisión artística muy meditada. Quería construir una identidad literaria capaz de existir por sí misma, donde las historias fueran siempre el centro de todo y el autor aceptara permanecer en un discreto segundo plano.
«Quería que el lector llegara a la novela sin prejuicios, sin etiquetas y sin ninguna expectativa que no naciera de la propia historia»
Durante años he tenido la sensación de que, en muchas ocasiones, conocemos demasiado de quien escribe antes de haber leído una sola página. Sabemos cómo habla, qué opina, qué come, dónde vive o cómo es su día a día. Todo eso acaba creando una imagen previa que, inevitablemente, condiciona la lectura. Yo quería experimentar justo con lo contrario. Quería que el lector llegara a la novela sin prejuicios, sin etiquetas y sin ninguna expectativa que no naciera de la propia historia. Por eso Viktor Kane no es una máscara. Tampoco un personaje. Es una identidad literaria creada para demostrar que una historia puede sostenerse por sí sola. Que un libro puede emocionar, inquietar o acompañar a alguien sin que importe quién aparece en la contraportada.
Además, Viktor Kane nunca estuvo pensado únicamente para firmar novelas. Desde el principio imaginé un universo narrativo que trascendiera las páginas de un libro. La forma de comunicar, el misterio que rodea al autor, las piezas audiovisuales, las noticias ficticias, las pequeñas pistas… Todo forma parte de una misma experiencia creativa. No busco alimentar el misterio por el misterio. Busco que el lector sienta que la historia empieza antes de abrir el libro y continúa mucho después de haberlo cerrado.
Si algún día el nombre de Viktor Kane llega a ser recordado, me gustaría que no fuera por quién hay detrás, sino por las historias que fue capaz de contar. Al final, ese siempre ha sido el verdadero propósito del proyecto. Viktor Kane no nació para ocultar a un autor. Nació para dar más espacio a sus historias.
—Pero, en realidad, Viktor Kane no existe... ¿Por qué escribir tras un pseudónimo?
Es una pregunta que me hacen mucho y creo que parte de una idea que, en mi caso, no es del todo cierta. Viktor Kane no existe para ocultar a alguien. Existe porque la historia necesitaba que existiera. Cuando empecé a dar forma al proyecto tuve claro que no quería separar únicamente mi vida personal de mi faceta como escritor. Quería crear una identidad literaria con entidad propia, capaz de sostener una forma diferente de contar historias. Podría haber publicado Sin testigos con mi nombre real, pero no habría sido el mismo proyecto. La novela necesitaba a Viktor Kane porque ambos nacieron al mismo tiempo.
«No me interesa alimentar el misterio por el misterio. Me interesa que Viktor Kane tenga sentido como proyecto creativo»
Vivimos rodeados de información. Antes de leer un libro sabemos cómo es el autor, qué opina, qué publica en redes sociales o incluso cómo habla. A veces todo eso enriquece la lectura; otras, la condiciona. Yo quería ofrecer una experiencia distinta. Que el lector llegara a la primera página con la única referencia de la historia que estaba a punto de descubrir. El anonimato, en realidad, nunca fue el objetivo. Es una consecuencia natural de haber creado una identidad literaria que debía sostenerse por sí sola. No me interesa alimentar el misterio por el misterio. Me interesa que Viktor Kane tenga sentido como proyecto creativo y que las novelas sean siempre lo primero que el lector recuerde.
—¿Conoceremos algún día quién está detrás de este alter ego?
Creo que esa es una respuesta que todavía no tengo. Y, sinceramente, me gusta que sea así. Nunca he concebido el anonimato como un destino permanente ni como un juego para mantener la incógnita. Si algún día llega el momento de que Viktor Kane y la persona que hay detrás se encuentren públicamente, será porque el propio proyecto lo pida, no porque exista una obligación de hacerlo.
Ahora mismo siento que Viktor Kane todavía tiene mucho que decir por sí mismo. Quiero que crezca por sus historias, por los lectores y por las emociones que sea capaz de despertar. Si ese día llega, será porque revelar esa parte aporte algo al proyecto. Si no aporta nada, probablemente yo permanezca en silencio.
—Acabas de sacar tu primera novela, Sin testigos. ¿Qué te inspiró para empezar a escribirla?
La inspiración de Sin testigos nació muchos años antes de empezar a escribirla. Empecé a escribir con 16 años. Como muchos autores, soñaba con terminar esa gran novela que imaginaba desde hacía tiempo. Esa historia sigue existiendo y todavía no ha llegado el momento de compartirla. Es un proyecto muy especial para mí y quiero publicarlo cuando sienta que realmente está preparado.
Mientras tanto, sentí la necesidad de demostrarme algo. Quería comprobar si era capaz de construir una novela completa, con una estructura sólida, personajes complejos y un thriller que mantuviera al lector en tensión hasta la última página. Así nació Sin testigos y, casi al mismo tiempo, Viktor Kane.
La novela también parte de una pregunta que me ha acompañado durante mucho tiempo: «¿y si puedo conseguirlo?». No solo escribir un libro, sino emocionar, sorprender y conectar con personas que no me conocen de absolutamente nada. Creo que esa pregunta ha estado presente en cada página que he escrito. Curiosamente, el proyecto que nació como el primer paso de un camino acabó convirtiéndose en el inicio de algo mucho más grande de lo que imaginaba.
o como escritor, qué te permite explorar?
Me gusta el thriller psicológico porque me permite explorar algo que me fascina desde hace mucho tiempo: lo frágil que es la verdad. Solemos pensar que conocemos a las personas, que entendemos lo que ha ocurrido y que nuestras conclusiones son firmes. Pero basta con descubrir un detalle nuevo para que toda esa realidad se desmorone y empecemos a verla desde una perspectiva completamente distinta.
El crimen, en mis historias, nunca es el verdadero protagonista. Es el punto de partida. Lo que realmente me interesa es observar cómo reaccionan las personas cuando sus certezas empiezan a romperse, cuando ya no saben en quién confiar o cuando descubren que quizá llevaban equivocados desde el principio. Me atrae escribir personajes aparentemente normales porque creo que ahí reside el auténtico terror. En la vida real casi nadie parece el villano de su propia historia. Todos creemos tener razones para actuar como lo hacemos, y explorar esa complejidad psicológica me resulta mucho más interesante que cualquier escena de violencia.
Si tuviera que resumir qué busco con mis novelas, diría que quiero recordar al lector que la verdad rara vez es tan sólida como creemos. A veces no cambia porque aparezcan nuevas pruebas. Cambia simplemente porque aprendemos a mirar desde otro lugar.
—¿Qué fue lo más complejo de escribir Sin testigos?
Conseguir que todo funcionara como un único mecanismo. En un thriller psicológico no basta con tener una buena idea o un giro sorprendente. Cada detalle tiene que estar colocado en el lugar exacto para que, cuando el lector llegue al final, sienta que todo encaja y que las respuestas siempre estuvieron delante de él.
«Me atrae escribir personajes aparentemente normales porque creo que ahí reside el auténtico terror. En la vida real casi nadie parece el villano de su propia historia»
Reescribí la novela muchísimas veces. Hubo momentos en los que dudé de escenas, de personajes, del ritmo e incluso del propio desenlace. Creo que esas dudas forman parte del proceso de cualquier escritor, pero en mi caso tenían un peso añadido: no había un equipo editorial detrás revisando el manuscrito, marcando el camino o corrigiendo errores.
Al apostar por la autoedición, asumí cada parte del proceso. No solo escribí la novela. También tuve que aprender sobre corrección, maquetación, diseño, publicación, marketing y promoción. Ha sido un camino de muchísimo trabajo, pero también me ha permitido comprender todo lo que hay detrás de un libro mucho más allá de las páginas que acaba leyendo el público.
Quizá por eso siento un cariño especial por Sin testigos. No representa únicamente una historia. Representa años de aprendizaje, de ensayo y error, de dudas y de constancia. Mirando atrás, creo que el mayor reto no fue escribir la novela, sino no dejar de creer en ella cuando todavía solo existía para mí.
—¿Hubo algún momento en que la historia, protagonizada por David Salinas, ese psicólogo que parece tener todo bajo control, tomase un rumbo inesperado incluso para ti mientras la escribías?
—Sí, y creo que es una de las cosas más bonitas que tiene escribir una novela. Aunque la historia estuviera muy planificada, hubo personajes que acabaron encontrando un lugar mucho más importante del que tenían al principio. Carla, por ejemplo, fue uno de ellos.
Cuando empiezas a convivir con una historia durante tanto tiempo, llega un momento en el que los personajes dejan de ser únicamente una función dentro de la trama. Empiezas a comprender cómo piensan, qué sienten y qué decisiones serían realmente capaces de tomar. Si intentas obligarlos a actuar de una forma que no les corresponde, el lector acaba notándolo.
En Sin testigos hubo personajes que crecieron de manera natural porque entendí que todavía tenían mucho más que aportar a la historia y, sobre todo, al lector. Algunos acabaron ocupando un papel muy distinto al que imaginé cuando empecé a escribir. Creo que esa capacidad de sorprender incluso al propio autor es una de las razones por las que disfruto tanto escribiendo. No porque la historia deje de estar bajo control, sino porque descubres que todavía puede ofrecerte algo que no habías visto.
—En la novela juegas con el concepto de la memoria y lo «poco fiables» que son nuestros recuerdos. Cuéntanos más sobre esta idea.
—Creo que tendemos a confiar demasiado en nuestra memoria y, sobre todo, en nuestras conclusiones. Todos construimos una versión de la realidad con la información que tenemos en ese momento. El problema es que esa realidad puede cambiar por completo cuando aparece un solo detalle nuevo. Esa idea me fascinaba mucho antes de empezar a escribir Sin testigos.
Vivimos rodeados de opiniones. Juzgamos a personas, situaciones o decisiones con una rapidez enorme, convencidos de que conocemos toda la historia. Sin embargo, basta con descubrir una pieza que desconocíamos para que todo ese juicio se venga abajo. Quería trasladar esa sensación al lector. Que, a medida que avanzara la novela, sintiera cómo cada nueva revelación modificaba su forma de interpretar lo que ya había leído. No porque la historia cambiara, sino porque cambiaba su perspectiva sobre ella.
Al final, Sin testigos no habla solo de la memoria. Habla de lo frágil que es la verdad cuando depende de la información que creemos tener. Muchas veces no cambian los hechos. Cambia el lugar desde el que los observamos. Y, cuando eso ocurre, todo adquiere un significado diferente.
—¿Qué conversación te gustaría provocar entre los lectores?
—Me gustaría que, al cerrar la novela, el lector sintiera la necesidad de hablar con alguien. No solo para comentar el giro final, sino para volver sobre la historia y preguntarse en qué momento empezó a interpretar las cosas de una forma equivocada. Creo que los mejores thrillers no terminan en la última página. Empiezan una conversación. Me encanta cuando una novela obliga a dos personas a debatir, a defender interpretaciones distintas o incluso a descubrir detalles que el otro había pasado por alto.
Evidentemente, espero que Sin testigos sorprenda. Ese era uno de mis grandes objetivos desde que empecé a escribirla. Pero me haría todavía más ilusión que, después de esa sorpresa inicial, el lector sintiera curiosidad por saber quién es Viktor Kane y qué otras historias tiene por contar. Sería la mejor señal de que la novela ha conectado con él.
—Además, has optado por la autoedición para sacar al mundo Sin testigos. ¿Qué ventajas encuentras en esta vía de publicación?
—La mayor ventaja ha sido la libertad. Desde el primer momento tuve claro que Viktor Kane no era solo un nombre en una portada, sino un proyecto creativo con una identidad muy definida. La autoedición me ha permitido tomar cada decisión sin renunciar a esa idea: desde la novela hasta la forma de comunicarla, la imagen del proyecto o la relación con los lectores. Pero también sería injusto hablar solo de las ventajas. La autoedición es un camino mucho más duro de lo que muchas personas imaginan.
Escribes una novela y, cuando la terminas, descubres que el trabajo acaba de empezar. Tienes que aprender sobre edición, diseño, publicidad, redes sociales, distribución, campañas de marketing, medios de comunicación… y, además, asumir que muchas veces el esfuerzo no se traduce inmediatamente en resultados. Ese proceso también me ha enseñado muchísimo. Hoy valoro mucho más todo el trabajo que hay detrás de un libro, porque he tenido que vivirlo en primera persona. Es un mundo apasionante, pero también muy exigente, y creo que existe una imagen bastante idealizada de lo que significa ser escritor.
«La autoedición es un camino mucho más duro de lo que muchas personas imaginan»
Hay quien piensa que escribir un libro es suficiente para que una editorial llame a tu puerta, que venderá miles de ejemplares o que el reconocimiento llegará solo. La realidad es muy distinta. Es un camino de muchísima constancia, aprendizaje y paciencia. Aun así, si volviera atrás, elegiría el mismo camino. Porque Viktor Kane necesitaba nacer exactamente así.
—¿Nos toparemos con más libros de Viktor Kane en el futuro? ¿Planteas seguir por la senda del thriller psicológico?
—Sin ninguna duda. Sin testigos es solo el comienzo de un camino que espero recorrer durante muchos años. Viktor Kane nació con la intención de contar muchas historias, no solo una, y todavía siento que tengo mucho que escribir.
El thriller psicológico seguirá siendo el corazón del proyecto porque es el género que mejor me permite explorar la complejidad humana y esa fragilidad de la verdad que tanto me interesa. No descarto experimentar algún día con otros matices o combinar géneros, pero siempre habrá un componente psicológico muy presente. Es donde más cómodo me siento como escritor.
Además, ya estoy trabajando en una nueva novela. Se titula Novia, esposa, otra y, aunque todavía es pronto para hablar demasiado de ella, puedo decir que volverá a poner al lector en esa posición que más me gusta provocar: la de creer que entiende lo que está ocurriendo… hasta descubrir que la historia aún guardaba mucho más. Probablemente, yo permanezca en silencio. Viktor Kane no. Todavía le quedan muchas historias por contar.
Editorial: AUTOR 2026
Idioma: Castellano
Páxinas: 408
THRILLER PSICOLÓGICO
FICCIÓN CONTEMPORÁNEA